Cuando el dólar gane valor porque se anticipe que la economía se va a acelerar, ¿tendrán razones las bolsas para no ser alcistas?
Incluso algunos analistas reconocen que el mercado algunas veces es tan inexplicable que un buen día rompe con tradiciones históricas y no pasa nada. Igual eso también puede ser aplicable los próximos meses al dólar.
Es pronto, porque no se puede afirmar que la divisa norteamericana haya superado niveles clave de los que extraer la reacción alcista de los últimos días es algo más que un rebote en la divisa norteamericana, pero los estímulos para ello pueden llegar en breve. En el corto plazo más inmediato, el dólar depende de la Reserva Federal.
Parece difícil que Bernanke presente el miércoles un plan de estímulo mucho más generoso que el que ya se descuenta, que son recompras de bonos adicionales por 500.000 millones de dólares. Cualquier cifra significativamente menor podría estimular más subidas en el billete verde (de hecho, esa especulación es la que puede estar detrás de la subida de los últimos días). Al fin y al cabo, el último tramo de caídas fuertes ha venido de la mano de la expectativa de la puesta en marcha justo de esas medidas.
Pero existen otros argumentos a favor del dólar y pensando más en el medio y largo plazo. Uno sutil, que es el Nikkei; y otro menos, que es China.
La bolsa japonesa está aguantando estoicamente que el yen cotice por encima de los niveles que obligaron al Banco Central de Japón a intervenir. Algo que es un indicio de que el propio mercado no se cree que los niveles alcanzados por la moneda norteamericana sean sostenibles. Si no, el Nikkei lo estaría pasando bastante peor.
China es el aliado a largo plazo
El papel de China es más importante, pero está por comprobar. El Financial Times se hacía eco ayer de la buena predisposición de las autoridades chinas a aceptar adaptar su superávit a los niveles que había sugerido Estados Unidos en la reunión del G-20. Esto, unido a la sospecha, de que ambos países están en buena sintonía, puede ser un importante catalizador del dólar, pero también de la bolsa.Si la renta variable se quita de encima el miedo a que entre las dos potencias se cree una guerra fría (entre otras cosas por el yuan y algunos problemas comerciales creados porque Estados Unidos quiere colocar aranceles a los productos chinos), y cala la idea de que trabajan conjuntamente, es probable que se extienda la impresión de que Estados Unidos no encontrará en China un problema para volver a crecer de manera más vigorosa, y viceversa: que la primera potencia occidental dejará aterrizar de forma suave a la emergente sin presionarla.
Esa situación económica, sustentada en una convivencia dialogada entre ambos, debería provocar no sólo buena salud en la bolsa china, que ya la tiene, sino también en la norteamericana. En la medida en que el parqué comience a descontar (todavía no lo hace) que la economía de Estados Unidos está preparada para volver a crecer de manera saludable, la renta variable lo debería recoger con subidas, pero también el dólar.
Parece difícil que cuando se empiece a anticipar que los datos macroeconómicos vuelven a mejorar (va a regresar una época en la que tendremos que estar muy pendientes de los indicadores adelantados, como en el verano de 2009), esto no provoque que el dólar gane valor.
También parece díficil que la bolsa se mantenga ajena a ese optimismo por la única razón de que suba el billete verde. Igual entonces es cuando la correlación que ha sido válida hasta ahora (la caída de la divisa da alas a la bolsa), esté en situación de romperse.
Una primera prueba tal vez podremos tenerla pronto: si las bolsas caen con la decisión de Bernanke, pero el dólar sube... ¿serán los inversores capaces de no invertir en unas empresas que tendrán que mejorar sí o sí sus resultados si la economía tira y provoca un rebote posterior sin que la subida de la divisa genere miedo?
Fuente:http://www.eleconomista.es
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