jueves, 28 de octubre de 2010

Monedas latinoamericanas: Entre el martillo y el yunque

Joaquín Vial | Economista en Jefe América del Sur - BBVA reserch
En la Economía Global actual vemos grandes desequilibrios complementarios en EE. UU. y China: mientras el primero presenta un exceso de gasto que se traduce en un elevado déficit comercial, el segundo continúa generando un exceso de ahorro que se manifiesta en un elevado superávit en sus cuentas externas.
Por lo tanto, mientras Estados Unidos sigue incrementando su deuda con el exterior, China sigue acumulando reservas. Crecientemente el veredicto de los mercados es que esta no es una situación que se pueda sostener indefinidamente y que estos "desequilibrios gemelos" se deben ir reduciendo paulatinamente.
El gran desafío es que ello ocurra ordenadamente, y es aquí donde estamos viendo problemas.
Por un lado, China no consigue persuadir a sus ciudadanos para que gasten más y, cuando éstos comienzan a hacerlo, surgen los temores a la inflación, que obligan a aplicar el freno. Claramente una apreciación del renminbi (yuan) ayudaría a facilitar una expansión de la demanda en China, sin producir inflación, pero el gobierno teme que ello puede afectar su competitividad y lo evita. Por otro lado, en EEUU vemos que el gobierno ­ que es el que tiene el déficit ­ es incapaz de recortar sus gastos y de convencer a los ciudadanos que deben pagar más impuestos si quieren preservar su modo de vida. En estas circunstancias, una depreciación del dólar ayudaría al ajuste.
Dado que la depreciación del dólar respecto del renminbi no está ocurriendo con la velocidad requerida, y los ajustes del gasto privado en China (expansivo) y del déficit público en EE. UU. (contractivo) tampoco están ocurriendo en la medida que se necesita para reducir los desequilibrios, lo que ha terminado ocurriendo es que los espectadores en el resto del mundo, que no tienen grandes desequilibrios, terminan siendo obligados a generar un desequilibrio en sus economías.
Es así como Europa, Japón y América Latina, los espectadores inocentes en este juego, ven como el exceso de liquidez norteamericana se traduce en una depreciación excesiva del dólar respecto de sus monedas, lo que de paso implica que ellos pierden competitividad frente a China y a otros países en desarrollo que mantienen sus monedas pegadas al dólar.
El problema se complica porque en Europa y Japón la demanda interna se encuentra tan alicaída, que la apreciación de las monedas amenaza con provocar una deflación, más que un déficit en cuenta corriente.
Esto significa que los "chicos" en América Latina y otros países emergentes se ven inundados de dólares, y sus monedas se aprecian.
De paso pierden competitividad frente a China y es así como vemos que por un lado, los amenaza el martillo de una expansión excesiva de la demanda interna que puede llevarlos a déficits insostenibles y aumentos en la inflación, y por otro, sienten la presión del yunque en sus espaldas representando a los bajísimos tipos de interés norteamericanos, que les impide aplicar medidas monetarias restrictivas que eviten el sobrecalentamiento de las economías.
La respuesta hasta ahora ha sido resignarse a no subir los tipos de interés al ritmo que lo venían haciendo, algo que ya hemos visto en Brasil, Perú y Chile, combinado con intervenciones en los mercados cambiarios para acumular reservas internacionales (es decir, absorbiendo parte del exceso de liquidez que bombean desde la Reserva Federal), y controles a las entradas de capitales. A la larga, todo esto se traducirá en aumentos en los déficits de cuenta corriente de países que son muy pequeños en relación a los que tienen los desequilibrios iniciales.
Luego, si no hay cambios en la conducta de China y de Estados Unidos, los déficits que se comenzarán a acumular en el Mundo Emergente rápidamente van a comprometer la solvencia externa de estos países. En caso que ellos tengan éxito en evitar la apreciación de sus monedas, enfrentarán una mayor inflación. Vemos así como los chicos corren el serio riesgo de ser aplastados, después de haber corregido desequilibrios endémicos de décadas anteriores.
Esto no es justo, tampoco es eficiente porque retrasa las correcciones, ni va a ser eficaz para resolver los desequilibrios globales.
Esperamos que tanto China como EE. UU, entren en una senda de ajustes económicos y diálogo, que permita reducir sincronizadamente sus desequilibrios, pero desgraciadamente no vemos probable que esto vaya a ocurrir pronto.
Fuente:http://www.larepublica.com.uy

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